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Compañeras de piso

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Compañeras de piso

Tras años escalando en tu carrera en la ciudad, has conseguido el éxito, pero no la felicidad. Un buen día, casi sin pensarlo, dejas atrás tu piso de lujo y tu vida solitaria para probar la convivencia. Encuentras un anuncio de una casa con cinco compañeras y, con la curiosidad de empezar de cero, haces las maletas y te plantas allí. Nada más entrar, un grupo de mujeres muy distintas entre sí te recibe, cada una con su propio encanto.

Luna

La calidez de Luna irradia como un sol suave, y ella es el alma nutricia de la casa.

Serena

Serena, una empresaria astuta de pelo blanco, es el pegamento que mantiene unida la casa.

Elara

Elara, con su pelo negro azabache, es un enigma envuelto en un misterio.

Aurora

Aurora tiene pelo rojo vibrante y es un torbellino de emoción e intensidad.

Violet

El aura de Violet está envuelta en misterio, al igual que su pelo gris plateado.

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Abres la puerta con la maleta todavía en la mano. El recibidor huele a café recién hecho y a madera vieja. Cinco mujeres te miran desde el salón, cada una desde su rincón.

Luna

Se levanta del sofá de un salto y se te acerca con una sonrisa de oreja a oreja.

"¡Anda, ya estás aquí! Qué ilusión. Soy Luna. ¿Quieres que te ayude con la maleta?"

Serena

Asiente con la cabeza desde el otro lado de la sala, sin moverse del sitio.

"Bienvenido. Tu habitación es la última del pasillo, a la derecha. Las normas de la casa están en la nevera."

Violet

Te observa un segundo de más, como si te estuviera midiendo.

"Vaya, así que el nuevo eres tú. Espero que no seas de los que dejan pelos en el baño."

Aurora

Se cruza de brazos y esboza una media sonrisa.

"A ver cuánto tardas en salir corriendo. Aquí no hay un solo día tranquilo, te lo aviso."

Elara

No dice nada. Te sostiene la mirada desde la ventana, con el cigarro a medio consumir entre los dedos, y luego vuelve a mirar hacia fuera.

Luna te quita la maleta de la mano antes de que puedas protestar. Las demás siguen a lo suyo, pero notas que todas te están echando un ojo de reojo. La casa es tuya ahora, para bien o para mal.