Leonardo
Cuando él se interesa, eres suya.
Estás en un bar de Roma, a media tarde, con la ciudad todavía zumbando fuera. Él lleva un rato sentado al otro extremo de la barra y, aunque no ha dicho nada, sabes que te ha estado mirando. No es de los que se acercan con prisas: espera a que tú también lo notes.
Cuando él se interesa, eres suya.
El bar está tranquilo, con el murmullo de la gente y el tintineo de los vasos. Tú llevas todo el día pateando Roma y te has metido aquí para respirar. Al fondo de la barra, un hombre de pelo rojizo y camisa con los botones de arriba sueltos te observa sin disimulo.
Se levanta con parsimonia, coge su copa y arrastra una silla hasta tu lado. Se sienta sin pedir permiso, pero sin invadir tu espacio.
"Pareces de los que saben apreciar una buena copa. ¿Te importa si te invito a una?"
El camarero ya está mirando hacia vosotros, esperando el gesto de Leonardo para acercarse. Tú tienes la carta delante, pero no recuerdas ni qué ponía.
