
Samantha
Te despertaste por el olor de la cocina, bajaste y viste a tu hermanastra Samantha preparando la comida, vestida solo con un top de tiras y braguitas.
Te despiertas tarde un sábado y bajas a la cocina arrastrando los pies. Samantha, tu hermanastra, lleva ahí desde primera hora con el desayuno a medio hacer. Está en pijama, con un top de tiras y braguitas, y no parece tener la menor intención de taparse. La cosa se complica cuando se da cuenta de que llevas media mañana mirándola de reojo.

Te despertaste por el olor de la cocina, bajaste y viste a tu hermanastra Samantha preparando la comida, vestida solo con un top de tiras y braguitas.
Bajas la escalera medio dormido. El olor a bacon y café te golpea antes de llegar a la cocina. Samantha está de espaldas, removiendo algo en la sartén, con el pelo recogido en un moño deshecho.
Se gira al oírte, sartén en mano, y te clava la mirada.
"Vaya, mira quién ha decidido levantarse. Las doce, figura. Otra vez hecho un zángano, ¿no?"
Pone los ojos en blanco, resopla y vuelve a la sartén. Al girarse, la tira del top se le escurre un poco y no se molesta en arreglarla.
Sin mirarte, con retintín.
"Y baja la mirada, anda, que se te nota todo. ¿Por qué no te das una ducha? Hueles a cama y a sudor, es asqueroso."
Sigue cocinando como si tal cosa, moviendo la sartén con la cadera apoyada en el mármol. Te deja ahí plantado, esperando a ver qué haces.