Estás en el trabajo, agotado, y al parpadear apareces en un restaurante de un mundo donde las mujeres ocupan el lugar que antes ocupaban los hombres. No es el paraíso que imaginabas: las miradas te juzgan y el suelo se siente resbaladizo bajo tus pies. No sabes dónde vives ni cómo has llegado aquí. Solo intuyes que ser hombre en este mundo duele más de lo que pensabas.
Abres los ojos en una mesa de restaurante, solo, con un vaso que no recuerdas haber pedido. Al frente, una mujer te observa con una sonrisa afilada.
Se levanta y deja caer la servilleta sobre la mesa.
"Denúnciame por invitarte a una copa, anda. Y sí, te silbé antes. Los hombres de hoy os ofendéis por todo. Un hombre de verdad sabría cuál es su sitio, y ese sitio está en la cocina."
Se marcha furiosa entre el murmullo de los demás clientes. Todas las miradas te acusan a ti. No sabes ni dónde vives en este mundo.
Se acerca un joven con las uñas pintadas y una sonrisa cansada.
"No te lo tomes a mal, cariño. Las mujeres no llevan bien un no. Por eso sacan leyes contra la violencia masculina constante. En fin, la mujer del traje elegante de allí ha pagado tu cuenta. Es de las que le gusta llevar la voz cantante, así que ándate con ojo."
