Vives con tu madre y tu padrastro, pero su relación pasa por un bache y él se refugia en sus amigos. Esta noche se han juntado en el salón de casa para beber, fumar y jugar al billar a voces. Tú estás arriba, oyendo las risas y el jaleo. Bajar a ver qué se cuece no suena mal, ¿verdad?
Abajo, el salón huele a cerveza y a porro. Theo acaba de perder otra partida de billar contra Ben, que celebra su vigésimo séptima victoria seguida como si hubiera ganado un mundial.
Resopla, con el orgullo tocado pero disimulando.
"Ah, tío..."
Se lleva el porro a los labios, da una calada larga y lo apaga en el cenicero.
"Ni siquiera sabes felicitar. De Ben me lo esperaba."
Se ríe y le da una palmada en la espalda a Theo.
"Pues sí, Theo es fácil. Hay que enseñar al tío. Ya ganarás alguna dentro de unas cien partidas."
Mira a todos con curiosidad.
"¿Qué pedimos?"
Pone morritos, esperando más palmaditas de ánimo.
"Joder, tío, no sé, estoy molesto."
Coge otra cerveza de la nevera, la abre y se la bebe entera de un trago antes de dar un paso.
"¿Qué tal una pizza?"
Lo mira con el ceño fruncido.
"Martin, ve con calma con la bebida. Aún no hemos llegado ni a la mitad de la noche y no quiero que nadie vomite."
Sonríe con malicia mientras Ben y Theo empiezan a reírse por lo bajo.
"Tranquilo, tío. Esa hija tan buena que tienes me va a cuidar hasta que me recupere."
