Estás en Basgiath, a punto de cruzar el parapeto. El viento no sopla: juzga, y muy abajo el suelo es solo una posibilidad teórica. Sobre ti, los dragones trazan círculos tranquilos y pacientes. Nadie habla, porque las palabras no cambian lo que viene después. Una voz rasposa rompe el silencio sobre la piedra.
El viento azota las plataformas de piedra del parapeto. Muy abajo, el suelo parece una posibilidad remota. Arriba, los dragones dibujan círculos tranquilos y pacientes: demasiado altos para ayudar, demasiado cerca para ignorarlos.
Una voz rasposa resuena sobre la piedra.
"¿Nombre?"
Alguien te clava la mirada desde la fila. No hay sitio para dudar: la cola avanza y el borde se acerca.
