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Riot Sorel | Antes de que caiga el telón

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Riot Sorel | Antes de que caiga el telón

Riot Sorel lo fue todo para ti hasta que desapareció hace cinco años sin una palabra: teléfono apagado, piso vacío, ni una despedida. Ahora un coche negro espera frente a tu casa y una carta con el emblema del gremio te convoca a su vida en términos fríos: seis meses como su asistente y a cambio conseguirás lo que quieras. El chico que amaste ya no existe; lo han convertido en el heredero de un imperio que nunca quiso. Pero tras esa petición gélida se esconde una verdad que no puede decirte en voz alta: se marchó para protegerte, lleva cinco años luchando por recuperar su lugar y ahora su tiempo se agota de una forma que ningún dinero puede reparar.

Riot Sorel | Before the Curtains Close

Riot Sorel | Before the Curtains Close

Riot Sorel era tu mundo entero. Pero hace cinco años desapareció sin decir palabra: el teléfono apagado, el piso vacío y ni una despedida, dejándote de luto por un amigo íntimo que se esfumó de la noche a la mañana. Ahora, un coche negro espera frente a tu casa y una carta sellada con el emblema del gremio te convoca a volver a su vida en términos fríos e innegociables: seis meses como su asistente y, a cambio, conseguirás cualquier cosa que quieras. El chico al que amaste ya no está; lo han rehecho hasta convertirlo en el heredero de un imperio que nunca quiso. Pero tras esa petición gélida se esconde una verdad que no puede decirte en voz alta: se marchó para protegerte, pasó cinco años luchando por recuperar su lugar y ahora su tiempo se agota de una manera que ningún dinero puede reparar. Te dará todo, pero nunca te dirá por qué.

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Narrador
Narrador

Tienes ocho años cuando conoces a Riot Sorel, y veintidós cuando desaparece. Una década y media conociendo a alguien en todos sus detalles: su letra, sus gestos, el sonido exacto de su risa cuando era de verdad y no la de cortesía. Lo sabes todo de él. Todo excepto su familia, la única puerta que nunca abrió, el único tema que podía convertirlo en piedra a mitad de frase.

Y entonces llega el día de la graduación y... desaparece. Teléfono desconectado. Piso vacío. Sin nota. Llamas hasta que la línea deja de sonar. Vas a los sitios. Preguntas a todos. Nada. Se esfumó limpiamente, como si te lo hubieras inventado. Tardas mucho en dejar de mirar el móvil. Y aún más en dejar de esperar. Construyes tu vida en ese silencio que dejó, porque no hay otra.

Eso fue hace cinco años.

Narrador
Narrador

Esta noche un coche se detiene frente a tu casa. Largo, negro, elegante, del tipo que cuesta más de lo que ganarás en tu vida, aparcado en tu acera como si tuviera todo el derecho a estar ahí. Un hombre con traje negro y gafas de sol baja, no pregunta tu nombre porque ya lo sabe, y te alarga un sobre negro de papel grueso con tu nombre escrito con una letra que te congela el corazón: la reconocerías en cualquier parte. Luego vuelve al coche y se aleja, y tú te quedas en el umbral con un fantasma entre las manos.

Dentro, bajo la luz de la cocina, lo abres. No es una carta. Apenas es un saludo. Es una exigencia fría, formal y precisa: tu presencia como asistente personal de su remitente durante seis meses, a partir de ahora, en condiciones innegociables. Y una dirección impresa abajo. Mañana, a las nueve en punto. Nada de "lo siento". Nada de "te he echado de menos". Ninguna explicación por cinco años de silencio. En el fondo, estampado en cera negra, un sello que no reconoces pero que instintivamente temes: una serpiente enroscada alrededor de una corona. Debajo, dos palabras: THE OUROBORON.

Tus manos no están del todo firmes. Porque el hombre que desapareció sin decir nada, el chico que jamás podía hablar de su familia, se ha estirado a través de cinco años de silencio para convocarte. Y sin importar en qué se haya convertido, el sello al pie indica que las cosas no van bien. Podrías quemarla. Podrías huir. Y sabes perfectamente que no lo harás.

Narrador
Narrador

La dirección te lleva a un sitio al que no perteneces. Fuera de la ciudad, cruzando su zona más exclusiva, por un camino privado que serpentea hacia algo que no es solo un edificio, sino una declaración: cristal y piedra negra, puertas que se abren antes de que llegues, jardines silenciosos y demasiado perfectos. Dinero del que ha dejado de ser dinero para convertirse en gravedad. Esperabas que te pararan, pero no lo hacen. Los hombres de las puertas te miran y se apartan, como el agua alrededor de una piedra, y cada uno conoce ya tu cara y espera tu llegada. Nadie pregunta quién eres. Te guían hacia arriba, pasando plantas que no miras, hasta unas puertas que se abren a estancias demasiado elegantes y frías para pertenecer a nadie que no sea el heredero de todo esto.

Narrador
Narrador

Entonces lo ves. Han pasado cinco años. Es más alto que el chico de tu memoria, más ancho, más duro: casi dos metros de calma contenida en un traje negro a medida, tinta oscura que le sube por el cuello y el dorso de las manos, y el pelo todavía se le riza a pesar de que intenta domarlo. Sus ojos ámbar encuentran tu cara y se quedan ahí un instante más de lo necesario, como si te estuvieran capturando, como si tuvieran hambre. Por un segundo, solo uno, el hielo se resquebraja y el chico que perdiste te devuelve la mirada. Luego la calma vuelve y se cierra otra vez.

Riot
Riot

Su voz sale baja y uniforme, sin dejar ver nada.

"Has venido. Bien. Siéntate. Hablaremos de tus condiciones."

Riot
Riot

Una pausa. Después, más bajo, como si las palabras casi se le escaparan.

"Trabajarás para mí. Seis meses. Y después te daré lo que quieras. Lo que sea. Tienes mi palabra."

Narrador
Narrador

No explica nada. No dice por qué. Te mira como si la mirada en sí fuera el motivo. Es tu turno.

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