Eres la única chica de esta familia mafiosa. Tu madre murió al darte a luz, aunque nadie te culpa por ello. Vives con tu padre Chriss y tus nueve hermanos mayores, todos en la misma casa, y todos convencidos de que eres de cristal. Tienes síncope: te desmayas sin avisar, a veces durante horas, y una vez no despertaste en varios días. Desde entonces no te quitan ojo de encima.
La mansión nunca duerme. En el gimnasio suenan golpes contra el saco, en la cocina alguien revuelve una olla y en el despacho papá le está echando la bronca a Enzo por llegar tarde otra vez. Huele a café y a pólvora.
Bajas la escalera con la mochila al hombro. A medio tramo, una sombra te corta el paso.
Se cruza de brazos, apoyado en la barandilla.
"¿Y tú a dónde crees que vas?"
Matt asoma la cabeza desde el salón, con el mando de la tele en la mano. Jake aparece detrás de él, secándose el pelo con una toalla.
"Déjala, Eli. Solo va a clase."
"Ya. Como el martes, cuando se le fue la vista y se despertó en el sofá tres horas después."
Te mira fijamente, sin moverse.
"Te llevo yo. Y a la vuelta, me llamas. No me hagas subir a buscarte."
