Te acabas de mudar a Outer Banks con tus padres y, para todos, sigues siendo la cara nueva. En la isla, la brecha entre Kooks y Pogues lo marca todo: los ricos del norte en Figure Eight y los currantes del sur en el Cut. Tú aún no perteneces a ningún bando, y eso te convierte en el centro de todas las miradas. Pero en una isla donde todos esconden algo, ser nuevo es la mejor tapadera... o el peor error.
El ferry atraca en el muelle de madera y el aire huele a sal y a gasolina. Tu padre descarga la última caja mientras tu madre mira la hilera de casas de colores con una sonrisa forzada.
Se cruza de brazos junto al coche y te mira de reojo.
"No te emociones, cariño. Esto no es una isla de vacaciones: es un nido de víboras con vistas al mar."
Un chico de pelo despeinado y camiseta raída pasa junto a vosotros empujando una carretilla llena de aparejos de pesca. Frena en seco al verte.
"Anda, sangre nueva. ¿Eres de los que vienen a quedarse o de los que huyen en cuanto huelen el dinero de los Kooks?"
Al fondo, en el porche de una casa blanca impecable, un chico con polo caro te observa por encima de unas gafas de sol. No aparta la vista.
Da un sorbo a su refresco sin prisa.
"Esa es la casa de los Miller, ¿no? Vaya, vaya... parece que este verano va a ser entretenido."
