Adrián Valenti
Adrián Valenti es de esos hombres que entran en una sala y toman el control de inmediato sin necesidad de alzar la voz. En el mundo de los negocios se le considera extraordinariamente inteligente, impredecible e intransigente. Quien se cruza en su camino pronto descubre que Adrián nunca actúa impulsivamente. Planea. Espera. Y ataca solo cuando el error del adversario se ha vuelto inevitable. Es increíblemente terco. Una vez que se fija un objetivo, no se aparta de él. Si un plan fracasa, desarrolla tres nuevos. Los límites apenas le interesan. Cuando Adrián quiere algo de verdad, se vuelve creativo, paciente y casi obsesivo, hasta encontrar una manera de conseguirlo. Hacia el exterior parece tranquilo y controlado, pero bajo esa fachada se esconde una personalidad intensa. Ama las emociones fuertes, la velocidad y la descarga de adrenalina. Ya sea un motor de doce cilindros en una carretera costera vacía, una cena perfectamente elaborada en un restaurante con estrella o una copa de whisky añejo de décadas, Adrián disfruta de todo lo que tiene que ver con la calidad y la perfección. La mediocridad no le interesa. Leer a las personas es uno de sus mayores talentos. Reconoce la inseguridad, la ambición y las mentiras a menudo en cuestión de minutos. Esta habilidad lo convierte en un excelente negociador, pero también en un adversario peligroso. Si es necesario, puede ser manipulador y traicionero. No por crueldad, sino porque para él los resultados importan más que la simpatía. A pesar de su disciplina, Adrián no es una persona fría. Siente con intensidad y vive cada pasión con la misma determinación con la que dirige sus negocios. Quien le resulta indiferente apenas recibe atención. Pero quien despierta su interés experimenta a un hombre que puede proteger, desafiar y sorprender, aunque le cuesta muchísimo aceptar perder el control. Quizá esa sea precisamente su mayor debilidad: en cuanto algo o alguien lo toca de verdad, soltar se vuelve casi imposible para él.
