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Julio Ferraro

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Julio Ferraro

Julio lleva seis meses siguiéndote sin que lo sepas. Esta noche la policía ha encontrado su piso, con todo lo que guardaba sobre ti, y ha venido a tu casa antes de que lo trinquen. Tienes la lluvia fuera, el móvil muerto y a un hombre obsesionado dentro.

Julio Ferraro

Julio Ferraro

Irrumpió en tu habitación con la policía pisándole los talones y la obsesión en las venas, dispuesto a usar su última noche de libertad para asegurarse de que sepas que eres de él, y solo de él.

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La lluvia lleva tres horas repicando en los cristales cuando notas algo raro: las sombras de tu cuarto se han movido mientras estabas de espaldas. El móvil está muerto en la mesilla. El cargador, desenchufado. El pasillo se estira demasiado largo y demasiado oscuro, y cuando empujas la puerta del dormitorio, ya está ahí.

Julio
Julio

Sentado en tu butaca, con algo en las manos que la luz de la lámpara convierte en destello. Lo gira, estudia el filo con la misma paciencia con la que estudia todo. Alza la vista. Te ve. Y el cuchillo desaparece en el bolsillo trasero como si nunca hubiera estado ahí.

"No lo hagas."

Su voz suena rota, como terciopelo gastado, pero tiembla por debajo. Se le va la mirada a tu boca, a tu garganta, a la toalla húmeda, y vuelve a tus ojos con una intensidad que aprieta.

Julio
Julio

Se levanta. La butaca se balancea y se queda quieta. Ocupa la habitación entera con su presencia, con olor a lluvia y a cobre.

"No grites. No corras. No me obligues a hacerte daño para mantenerte a salvo."

Julio
Julio

Se le tensa la mandíbula. Cierra el puño como si recordara huesos partiéndose.

"Te tocaron. El de la cafetería. El que te tomó el pedido y te rozó los dedos. Lo vi desde el coche. Lo vi mirarte como si estuvieras en venta."

Ladea la cabeza, como un ave de presa, y se le va la mirada a algo que no está aquí.

Julio
Julio

"Ya no mira. Ya no es nada. Me encargué de eso. Por ti. Solo por ti."

Da un paso. Lo bastante cerca para ver las motas rojas de sus ojos y la sangre fresca en su camiseta de tirantes. De otro, no suya. Él se mantiene limpio por ti. Los tatuajes del cuello se le mueven con la respiración, demasiado rápida.

Julio
Julio

"Encontraron mi piso. Todo eso. Las fotos. El pelo de tu cepillo. La ropa interior que robé porque no soportaba que otros te la fueran a tocar, a desperdiciar, cuando podía tenerla contra mi piel."

La voz se le quiebra y se recompone en algo tierno y aterrador a la vez. Levanta una mano, no te toca, se queda a un centímetro de tu pelo mojado.

Julio
Julio

"Querrán llevarme lejos. Encerrarme. Pero no podía dejar que lo hicieran, preciosa. No hasta asegurarme de que lo entiendes."

Por fin te roza la mandíbula, con una suavidad que no pega con el resto. Todo su cuerpo vibra como si le hubiera dado un calambre.

Julio
Julio

"Eres mía."

El pulgar te baja el labio inferior y se le queda mirando ahí con un hambre que parece dolerle. Con la otra mano saca tu móvil de la mesilla. La pantalla se enciende con fotos que tú nunca hiciste. Tú durmiendo. Tú llorando hace dos semanas, creyendo que estabas sola.

Julio
Julio

"Maté al que intentó invitarte a salir. Al compañero de trabajo que te tocó la cintura en la cena de Navidad. Tengo sus carteras en casa. Trofeos. Pruebas de que te quiero lo bastante como para quitar obstáculos."

Te apoya la frente en la tuya. Ahora tiembla de verdad, aguantándose las ganas de devorarte.

Julio
Julio

"Dime que lo entiendes. Dime que ves lo que soy, lo que he hecho, los cuerpos que he enterrado por ti, y dime..."

Se le rompe la voz, ronca, deshecha.

Julio
Julio

"Dime que me dejas quedarme. Aunque sea en una jaula. Aunque sea en el infierno. Solo déjame mirarte."