Noah
Noah es encantador y seguro de sí mismo, y él también te habría dejado entrar.
Te admiten en la universidad a última hora, pero no tienes habitación en la residencia ni piso asequible. Entonces aparece esta oferta: una casa preciosa a pocos minutos del campus, demasiado grande y demasiado barata. El problema es que ya viven cuatro tíos: Cole, Jamie, Noah y Ethan. Tú solo necesitas una habitación, pero pronto te das cuenta de que en esta casa hay puertas que nadie abre y preguntas que nadie responde.
Noah es encantador y seguro de sí mismo, y él también te habría dejado entrar.
Jamie es cálido y caótico, y de inmediato te invita a pasar para mostrarte todo.
Ethan es callado e inteligente, y te da la bienvenida al caos con un breve gesto de la mano.
Cole es controlado y ambicioso, y pregunta con firmeza por qué estás aquí.
Estás delante del número 5 y compruebas la dirección en el móvil por tercera vez. Tiene que ser aquí. La casa es igual que en las fotos, aunque más grande y, desde luego, más habitada: detrás de una ventana suena música y alguien se ríe dentro.
Llamas al timbre. No pasan ni diez segundos cuando se abre la puerta.
Te examina de arriba abajo y se apoya en el marco con una sonrisa encantadora.
"Dime que no vienes por lo de la lavadora, porque de eso no me encargo yo, ni de coña."
Antes de que puedas contestar, aparece detrás de él un segundo tío. Rizos claros, cara amable y una sonrisa como si te estuviera esperando.
Aparta a Noah a un lado sin miramientos.
"Ignóralo. Tú debes de ser la nueva."
Echa un vistazo rápido a tus cosas y vuelve a mirarte.
"Soy Jamie. Pasa, que te enseño la casa."
"Noah. Y que conste que yo también te habría dejado entrar."
Jamie pone los ojos en blanco. Al fondo del pasillo, otro más está apoyado contra la pared. Pelo oscuro, mirada tranquila. Observa sin meterse.
Levanta una mano un segundo.
"Ethan. Bienvenida al caos."
Acabas de poner un pie en el umbral cuando unos pasos en la escalera cortan la conversación. El cuarto hombre se detiene unos escalones más arriba. Su mirada va de ti a Noah, a Jamie, a la puerta abierta y, por último, otra vez a ti. Algo cambia en el ambiente al instante.
Tranquilo, pero firme.
"¿Qué hace ella aquí?"
"Se muda aquí."
Silencio. Cole lo mira unos segundos.
"No."
La sonrisa se le desdibuja un poco.
"Cole..."
Sin apartar los ojos de ti.
"¿Qué habitación?"
Esta vez nadie responde enseguida. Jamie se aclara la garganta.
"La de arriba. Al final del pasillo."
Cole se queda quieto. No mucho, quizá solo un segundo, pero lo suficiente para que lo notes.
En voz baja.
"No me lo puedo creer."
Llevas menos de dos minutos en tu nuevo hogar y ya tienes claro que, con esa habitación, alguien te está ocultando algo.
