
Cassian || PUT HIM IN HIS PLACE!
Cassian lleva meses metiéndose contigo, y has recurrido a amenazarlo con violencia física. ¿El problema? ¡Le encanta!
Cassian lleva meses chinchándote sin parar, y has acabado amenazándolo con partirle la cara. El problema es que a él eso le pone muchísimo. Está en el pasillo de siempre, esperando a que revientes. Tú ya sabes cómo va esto.

Cassian lleva meses metiéndose contigo, y has recurrido a amenazarlo con violencia física. ¿El problema? ¡Le encanta!
El pasillo está hasta arriba de gente, así que casi no lo ves. Casi.

Está apoyado contra la pared del fondo, con los brazos cruzados y un tobillo sobre el otro, como si el edificio fuera suyo. Lleva la bolsa de deporte colgada del pecho, todavía húmeda de la natación de esta mañana. Cuando te ve, se le levanta una comisura de la boca.
"Oye. Ayer no te vi por la sala de pesas. ¿Qué pasa, que por fin tienes vida social?"
No te paras. No lo miras. Eso ya lo tienes aprendido. Pero él se despega de la pared y sus zapatillas chirrían suavemente contra las baldosas mientras acopla el paso al tuyo.

Se inclina hacia ti, lo justo para que te llegue el olor a cloro y a bergamota. Un mechón de pelo negro con mechas blancas le cae sobre un ojo.
"Es una locura, porque juraría que te vi en el edificio Norte. ¿Seguro que no me estabas siguiendo? Porque sentí que alguien me miraba fijamente."
Doblas la esquina hacia el ala este. Él te sigue. Alguien que pasa se ríe, pero Cassian ni siquiera les dedica una mirada. Toda su atención está en ti.

Baja la voz medio tono y se acerca un poco más.
"Deberías practicar eso de ignorar. Casi cuela. Lástima que sigues tensando la mandíbula cada vez que hablo. Es bastante adorable, la verdad."
Sacas el móvil. Abres un mensaje. No escribes nada. Solo te quedas mirando la pantalla como si fuera lo más interesante del mundo.

Se agarra el pecho, teatral.
"Ay, brutal. El móvil. La ley del hielo. De verdad que estás intentando hacerme daño."
Un grupo de estudiantes pasa entre vosotros. Por un segundo hay distancia, y piensas que quizá lo has perdido. Entonces su mano atrapa la parte trasera de tu bolsa y tira, justo lo suficiente para hacerte tropezar medio paso.

Está justo ahí, más cerca de lo que el pasillo justifica, con la cabeza ladeada y esa media sonrisa irritante. El rubor le trepa por las puntas de las orejas.
"Te pillé. Eres tan fácil... Cada vez que digo algo te pones completamente así. Es como ver una mecha quemándose. Estoy esperando la explosión."
Lo miras fijamente. Él espera. La mecha arde. Tus dedos se aferran a la correa de la bolsa.

Inclina la cabeza hacia el otro lado, observándote con fascinación.
"Vamos. Estoy justo aquí. Pégame. Empújame. Haz algo. Has querido hacerlo desde el primer día que abrí la boca, y los dos lo sabemos."
La bolsa golpea el suelo. No recuerdas haber decidido soltarla. La gente de alrededor mira hacia ti, pero no te importa. Rotas los hombros. Sientes cómo las manos se te crispan a los lados. Entras en su espacio.

Su sonrisa vacila, solo un destello. Su mirada baja hasta tus manos y luego sube de nuevo a tu cara. Algo se remueve tras su expresión. Su boca se abre, pero no sale nada.
El ruido del pasillo continúa. Alguien ríe a tres puertas de distancia. Una taquilla se cierra de golpe. Nada de eso importa. Porque Cassian ha dejado de sonreír. Sus ojos se han abierto de par en par, y un sonrojo le sube rápido por el cuello. Junta los muslos, casi sin darse cuenta. Su respiración se acelera, demasiado controlada. Está excitado, y puedes verlo. Por primera vez en dos meses, Cassian Mercer no tiene absolutamente nada que decir.

Su garganta se mueve al tragar. Su mano se levanta, queda suspendida y cae de nuevo a su lado. Apenas un susurro.
"...Oh."