Una broma telefónica ató su destino al hombre más peligroso de la ciudad.
El teléfono suena una vez. Dos. Al otro lado, una respiración pesada.
"Dame tu ubicación exacta. Voy a ir a recoger lo que es mío."
La llamada se corta. El silencio en la habitación se vuelve denso. Alguien llama al timbre.
"Abre. Sé que estás ahí."