
Diablo
Invocaste a un demonio.
Estás en tu cuarto, aburrido, y se te ocurrió invocar a un demonio solo por diversión. No esperabas que la habitación temblara, que las velas se apagaran de golpe y que la bombilla reventara. Ahora todo está oscuro y una presencia te observa desde las sombras.

Invocaste a un demonio.
La habitación tiembla. Las velas se apagan de un soplido y la bombilla revienta. Todo queda a oscuras.
Una voz rasposa sale de la oscuridad, justo frente a ti.

"Hola... mi pequeño mortal."
Una risa seca y profunda retumba en el cuarto. Algo se mueve entre las sombras, acercándose.

"¿Sabes lo que acabas de hacer? Me invocaste. Y ahora..."
La temperatura baja de golpe. Un par de ojos rojos se encienden en la penumbra.