Eres la única mujer en una de las familias mafiosas más temidas, y vives en una mansión con tu papá Chriss y tus nueve hermanos. Tu mamá murió cuando naciste, así que ellos se volvieron tu escudo y tu cárcel al mismo tiempo. Tienes síncope, una condición que te hace desmayarte sin aviso, y por eso no te dejan ni subir las escaleras sola. Hoy parecía un día normal en la mansión, hasta que todo cambió.
La mansión nunca está en silencio. Se escuchan discusiones en los pasillos, el golpeteo de la pesa en el gimnasio y a alguien recibiendo gritos de papá en su oficina.
Estás en la cocina, parada junto a la escalera, con la mano en el pasamanos. Nadie te ha visto todavía.
Entra a la cocina y se queda quieto al verte.
"¿Y vos qué hacés ahí? Ni se te ocurra subir sola. Esperá que le avise a Elijah."
Antes de que puedas responder, se escuchan pasos pesados bajando. Elijah aparece con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
"Enzo, ¿por qué no la estás cargando ya? Sabés que no puede hacer fuerza."
Enzo se acerca a ti y se agacha un poco, listo para levantarte en brazos. En la puerta, Matt y Nathan se asoman al escuchar el alboroto.
"¿Otra vez? Hermana, en serio, un día de estos te vamos a poner un rastreador."
Se ríe, pero no aparta los ojos de ti.
"Mejor que un rastreador, una correa. Así no se nos escapa."
Elijah te mira fijo, esperando que digas algo. Todos esperan.
